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Alias: ¿El mejor piloto de la historia?

Sí, esta frase sería una afirmación arriesgada y por eso está entre interrogantes. Obviamente no he visto todos los pilotos de series del mundo, ni mucho menos, por lo que lo que vais a leer ahora es fruto únicamente de mi punto de vista subjetivo sobre el tema pero oye, ¡qué narices! Soy yo la que está escribiendo esto, ¿verdad? Al lío.

Mucho se ha hablado de pilotos desde que las series son series y hay infinidad de ránkings sobre cuáles podrían ser los mejores pilotos de la historia de la tele moderna así que no vengo yo aquí ahora a sentar cátedra. Pero tenía que escribir mi primer post en este nuestro nuevo blog y las casualidades han hecho que sea esta pequeña apología que sale directamente de mi corazoncito seriéfilo sobre el piloto de esa maravilla que considero que es «Alias«.

Hace poco una gran amiga cumplió años y un pequeño grupo de colegas nos juntamos para hacerle un regalo. La casualidad, otra vez, hizo que llegara a mi buzón de email un ofertón del pack completo de las 5 temporadas de «Alias» así que después de consultarlo decidimos ir a por ello, ya que Patri (que así se llama ella) no había visto la serie y pensamos que podría gustarle.

El día que se la dimos decidimos ver el piloto todos juntos otra vez, aunque Patri era la única que no lo había visto, y por eso existe hoy este artículo, porque fue de nuevo una experiencia seriéfila única, un sin vivir que te deja con ganas de saber más y una forma de recordarme por qué adoré tanto el mundo de Sydney Bristow cuando me enganché allá por el año 2003.

Ver el piloto de esta serie de J.J. Abrams es como ver una película, no en vano se editó en DVD como si de una se tratara. En los 66 minutos que dura este capítulo inicial te cuenta la historia de Sydney Bristow, una chica aparentemente normal pero que tiene una vida oculta un tanto especial, ya que trabaja como espía para el SD6, una rama encubierta de la CIA.

Todo empieza con una imagen que siempre será mítica en la mitología de Alias, Sydney pelirroja siendo torturada por un chino-japo a lo bruto, cosa que te deja ya un poco nerviosita y que te hace preguntarte qué narices te has sentado a ver, y luego las imágenes te trasladan a unos días antes y empezamos a seguir a la verdadera Sydney, esta vez castaña, mientras nos van mostrando quién es esta chica y por qué nos va a molar su historia.

A partir de ahí empiezan a pasar cosas muy rápido, conocemos a un montón de personajes y de repente nos vemos envueltos en una trama de espionaje aparentemente complicada que luego encaja a la perfección, donde la acción va cada vez más deprisa pero dándote tiempo para tomar aire y pensar sobre lo que estás viendo.

Está rodada de una forma impecable, el guión no tiene ningún fallo, la música es el complemento perfecto para lo que estás viendo, no solo la instrumental sino las canciones tan míticas como las de The Cranberries (no, no tiene nada que ver que sea mi grupo favorito…) o de Sydney O’Connor, con escenas de auténtico dolor magníficamente interpretadas por Jennifer Garner, que por aquel entonces era prácticamente una desconocida, y con muchos palos. Palos, leches, persecuciones, tiros y carreras por todas partes.

El elenco de actores está tan bien escogido que asusta. Victor Garber está fantástico en el papel de papá Bristow, lo mismo que Ron Rifkin dando vida al impasible Arvin Sloane. Además de Jennifer Garner, la protagonista total y absoluta, nos encontramos con un Bradley Cooper recién salidito del horno Hollywoodiense haciendo de paga-fantas y con un guapísimo Michael Vartan que resulta ser el complemento perfecto para Sydney.

Cuando el episodio termina es imposible que te deje indiferente. Imposible. Te habrá podido gustar más o menos, te habrá interesado o no la historia, habrás entrado o no en el mundo torturado de los Bristow, pero sin duda alguna terminarás con la sensación de que ahí hay una historia increíble para contar, con muchísimas posibilidades y muchos giros posibles para deleite del espectador medio televisivo.

Sydney, Jack, Sloane, Vaughn, Dixon, Francie, Will, Marshall e incluso Rambaldi ya han entrado en tu mente, ya han sembrado la semilla, ya han puesto la trampa, y ahora depende de ti el caer o no en ella. Si eres como nosotros, verás el segundo episodio inmediatamente y cuando éste termine viendo a Sydney con una pistola apuntándole la cabeza ya no podrás parar.

Después vendrán los cliffhanger, taaaan típicos de Alias, las traiciones, los misterios, los giros de guión, los episodios que te cortan la respiración, los alias, los malos, los no tan malos, la infinidad de personajes nuevos, las historias intercaladas, el romance, la pérdida, la superación y todas esas cosas que han hecho de Alias una serie increíblemente enganchante, absorbente y muy muy divertida de ver.

Y todo eso se vislumbra ya en este gran piloto, que durante poco más de una hora te mantiene pegado al sofá hasta que por fin se descubre toda la trama sobre la que luego girará la serie. Si no lo has visto te aconsejo que lo hagas y le des una oportunidad, ha envejecido muy pero que muy bien. Si ya eres fan de la serie lo vas a volver a disfrutar desde la perspectiva de conocer a los personajes y quererlos (o odiarlos). Si ya lo viste y no es para ti mi más sentido pésame, aunque dudo que hayas seguido leyendo hasta aquí.

Así que sí, quizás no sea el mejor piloto de la historia pero sin dudarlo afirmo que merece la pena verlo, aunque solo sea eso lo que veas de Alias. A mí me dejó una huella seriéfila imborrable y tendrá un sitio especial y privilegiado en mi ránking televisivo particular. Para que os pique el gusanillo os dejo la escena en la que vemos a Sydney transformarse en su primer alias, uno de los muchos que se pueden a lo largo de las cinco temporadas de vida que tuvo esta serie que, con todos sus altibajos, es de las grandes. ¡Viva Alias! <o>

About titania_v

Socióloga de profesión y seriéfila de vocación. Me gustan las series, así en general, sin importarme modas, temáticas ni calidades. Veo lo que me interesa, me divierte y me mueve algo por dentro. Soy de obsesiones, deal with it! Melómana, cinéfila y bastante friki.

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